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lunes, 14 de diciembre de 2009

Taiwán: "Nosotros somos la China democrática"

Ellos así se consideran. La verdadera y democrática China. Sin embargo, aunque han hecho vida de país como cualquier otro, siempre han tenido la amenaza de su poderoso hermano mayor, la China continental, que tiene cabezas nucleares apuntando a Taipei por si las moscas, irritada porque sus tentáculos totalitarios no incluyen la que en su día bautizaron los portugueses como Isla Hermosa.

Pablo Navas - Madrid

Aunque fue descubierta en el siglo XVI por nuestros vecinos, la República de China (a partir de ahora Taiwán) fue fundada en 1949 tras la derrota de los nacionalistas anticomunistas del Kuomitang en la guerra civil china, que se reanudó en 1946 tras el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial. Anteriormente, este régimen gobernaba toda china hasta esa derrota bélica, justo cuando dos millones de anticomunistas chinos se refugiaron en la Isla de Taiwán de la dictadura china que se avecinaba con la fundación de la República Popular de China. En Taiwán continuaron con el sistema político que tenían en la China continental hasta la guerra.

Chiang Kai-Shek gobernó Taiwán dictatorialmente desde su fundación en el 49 hasta 1975, un año antes que su enemigo Mao Tse-Tung. El Kuomitang era el único partido permitido pero lo cierto es que bajo el gobierno de Chiang Taiwán consiguió unas tasas de crecimiento económico sorprendentemente altas para un régimen totalitario, aunque el sueño de este militar siempre fue reconquistar China.

Taiwán consiguió apoyo diplomático y reconocimiento de la comunidad internacional hasta que en los años 70, casi coincidiendo con la muerte de Chiang, la China comunista consiguiera el reconocimiento mundial como verdadera China. Hasta entonces era común nombrar a estos países como la China popular o comunista (RP de China) y la China nacionalista o China Taipei (esta última es su denominación olímpica).

A la muerte de Chiang su hijo Chiang Ching-Kuo le sucedió en el poder y ahí comenzó una apertura democrática por parte del régimen del Kuomintang con más participación popular. Esta democratización la continuó el sucesor de Chiang hijo tras su muerte en 1988, Lee Teng-hui, democratización que culminaría en el año 2000 con unas elecciones que hicieron perder el poder al Kuomitang tras 88 años gobernando la República de China, desde su fundación en el continente en 1912.

Otro tema importante ha sido el del reconocimiento. Si ya he comentado antes que en los años 70 Taiwán fue perdiendo poder diplomático, en la actualidad solo 23 países le reconocen. No parece que sea un aspecto que vaya a ir a mejor para los intereses de la isla, puesto que China amenaza con romper relaciones de cualquier tipo con cualquier país que se atreva a hablar con Taipei. El indiscutible crecimiento de China en la escena internacional hace difícil encontrar una salida a este conflicto.

Las amenazas son constantes por parte de Pekín, pero Taiwán, de nuevo con el Koumitang en el poder desde 2008, resiste con la ayuda de Estados Unidos, que cada vez es menor puesto que a Washington le conviene jugar a dos bandas. Ya en 2000 hubo amenazas militares tanto a Taiwán como Estados Unidos advirtiendo que China no es ni Irak ni Yugoslavia. Por su parte, también a Taipei le irrita las visitas de presidentes de Estados Unidos a China. En la última, Obama tuvo que dar explicaciones a las autoridades de la isla, aunque militarmente no cuentan con poder suficiente como para estar “solos ante el peligro”.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Irán: 30 años de régimen islámico

Pablo Navas.
Este año se cumple el 30º aniversario de la Revolución Islámica de Irán que supuso un cambio radical en la concepción del estado iraní, desde un nuevo nombre para el país – de Persia a Irán – a un nuevo régimen supuestamente democrático, con nuevas relaciones internacionales y un cambio de vida de los iraníes en detrimento de una occidentalización y modernidad que prometía el régimen anterior. Asimismo, también se cumple el 30º aniversario de un hecho que surgió como consecuencia de ese cambio político – y religioso –, uno de los hechos que más magnitud tuvieron en el mundo y sobre todo en Estados Unidos, como fue la Crisis de los Rehenes, es decir, el secuestro de una milicia ultraislámica de la embajada americana en Teherán y por lo tanto invasión de territorio estadounidense.

Aunque sabiendo el extremismo de los que seguían a los líderes revolucionarios y sabiendo del apoyo de el país norteamericano al golpe de estado en 1953 contra el gobierno de Mosaddeq. Realmente así comenzó la revolución iraní, con el apoyo de Estados Unidos al rey de Irán – denominado Sha en Persia – que trató de traer al país asiático supuestas reformas adaptadas a los tiempos que corren, tales como sufragio femenino, una reforma agraria o como he señalado antes, una modernización de la vida persa.


El Sha Mohamed Reza con el presidente de EEUU Eishenhower

Esta occidentalización irritaba a los islamistas más radicales, cuyo líder tuvo que exiliarse principalmente en Francia. Allí, el Ayatolá Jomeini se convirtió en portavoz de la oposición al Sha, oposición que estaba prohibida por la dictadura. Y de ello se encargaba la policía política persa, cuyos métodos la convirtieron en una de las instituciones más odiadas de la población. Volviendo a Jomeini, precisamente en su odiado occidente es donde se convirtió en líder espiritual y de la oposición ya que los periódicos europeos le hicieron de plataforma para conspirar contra el Sha.

Sin embargo, el programa reformista del Sha no funcionó bien y no terminó de llegar a todos los espectros de la población, mientras las corrupción y la oligarquía persa se enriquecía mientras el resto de la población se estancaba socialmente. Esto, unido a las ansias islámicas auspiciadas por Jomeini en el exilio, desembocó en el proceso revolucionario en el 79.

Se dice, aunque no está claro, que la revolución comenzó en el pueblo natal de Jomeini, en donde se formó una manifestación de protesta tras ver en un noticiero oficialista como se injuriaba contra él y se le trataba de antipersa y conspirador. Dicha protesta se sofocó duramente con la policía política provocando una matanza, ya que la manifestación estaba, por supuesto, prohibida.

Las protestas por esa matanza se extendieron por todo el país y llegaron a Teherán en un clima de revuelta que escapaba totalmente de las manos del ejército y la policía. Con el exilio del Sha cayó la monarquía y tan solo un par de semanas después entro triunfal el ayatolá Jomeini. Poco después, se hizo oficial la república tras un referéndum que ganó el “Sí a la República Islámica” con un 99,9%. Esta probable manipulación no hacía sino recordar los tiempos del Sha. La República Islámica Iraní nacía haciendo célebre el dicho “cambiar todo para no cambiar nada”.
Jomeini vuelve a Irán tras la caída del Sha

Pero la peor cara del régimen de los ayatolás estaba por llegar con la toma de la embajada estadounidense, manteniendo en cautiverio a 53 funcionarios durante más de 400 días, aunque para los terroristas – entre los que estaban el actual presidente Mahmud Ahmanideyah, según apuntaron algunos rehenes en 2005 – todos se trataban de agentes de la CIA, para justificar la toma. El hecho de que el Sha, enfermo de cáncer, acudiera a EEUU a curar su enfermedad encendió los ánimos de los islamistas más radicales, con protestas en la calle exigiendo la extradición del Sha para acabar rodeando el edificio diplomático y acabar invadiendo territorio estadounidense y vengarse por el golpe de estado apoyado por los americanos 26 años antes.

Lo cierto es que la política petrolera estadounidense en la zona le acabó pasando factura y en especial al presidente Jimmy Carter, para el cual la Crisis de los Rehenes fue su tumba política. Hubo intentos militares por parte del gobierno de Carter en la que aunque acabó en fracaso los milicianos iraníes fueron engañados como niños con maniobra de despiste.
Foto que demostraría la supuesta participación de Ahmanideyad en la Crisis de los Rehenes

Para Irán no iban a llegar años de paz, ya que le esperaba casi una década de guerra contra su vecino Irak, tras la invasión por parte de Sadam Hussein, que temía la influencia ultraislámica de Irán podía tener en los chiís iraquíes, así como las ansías de conquistar las regiones de Juzestán y Shak al-Arab, que Irak consideraba suyas. Al final, el gasto militar – países como Estados Unidos, China, URSS o Israel se pusieron las botas vendiendo armas, estos últimos incluso vendía sus uzis a Irán. Está claro que para lo que interesa si mantienen ciertas relaciones… - a ambos países, lo que produjo en Irán problemas económicos que duran hasta hoy.

La verdad es que la democracia iraní es peculiar, como tantas otras, por no decir todas. Solo puede haber candidatos que tengan “pleno compromiso con el Islám y con el sistema de la Revolución Islámica”, lo cual impide partidos monárquicos, cristianos, autonomistas, independentistas, pro-armenios y otras realidades sociales no tan mayoritarias de Irán. Todo ciudadano además está obligado a votar, ya que acudir a las urnas proporciona un sello que pone en la cédula de ciudadanía y que la policía puede requerir en cualquier momento y que si ve que no tienes el sellito significa que no quieres colaborar con la farsa y que prefieres ser detenido. Es un régimen supuestamente democrático pero muy estricto en muchos ámbitos de la vida. Sin ir más lejos, es el segundo país después de China con más ejecuciones anuales por pena de muerte.
Dos homosexuales iraníes son ahorcados en público

En las pasadas elecciones ya se empezó a palpar que parte de la población ha dicho basta ante el supuesto pucherazo de Ahmadineyad que hizo sacar a las calle a gente como no ocurría desde el 79. El mensaje radical del actual presidente ha perdido fuerza ya que Mr. Eje del Mal ya se ha ido y en el fondo se sabe que la población, sobre todo la juventud, quiere abrirse al mundo. Y es que ya se sabe, contra Bush vivíamos mejor.